La energía ni se crea ni se destruye, se paga

"Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad", decía Albert Einstein, y lo han corroborado los participantes en la jornada Eficiencia Energética en centros hospitalarios, organizada por Unidad Editorial Conferencias y Formación con la colaboración de DIARIO MEDICO, y el patrocinio de Dalkia. "La eficiencia energética hay que medirla y evaluarla" ha dicho Alejandro Cobos, Product Manager Sostenibilidad de Bureau Veritas, recordando que la transposición de la directiva europea 20032/91/CE, el Real Decreto 47/2007, "menciona explícitamente el papel ejemplarizante de los edificios públicos".
Según Mariano Rodríguez Villar, jefe del Servicio Técnico del Hospital Universitario de Móstoles, en Madrid" de poco sirve una correcta climatización si luego el usuario final no cierra las puertas o abre las ventanas", el objetivo es que la energía producida se convierta en la medida de lo posible en efecto útil, es decir, que "se pierda la menor cantidad posible durante su ciclo de vida, desde la sala de calderas hasta la red de distribución."
Esta es sólo una de las medidas que se deben tomar si quiere tener un edificio ecológico. Justo García Sanz, subdirector de Obras, Instalaciones y Equipamientos del Servicio Extremeño de Salud, ha planteado un decálogo de claves: ubicación adecuada, mejor diseño de los espacios, nuevos criterios técnico-asistenciales, acciones sobre la demanda, optimización de la producción energética, rechazo de la moda sostenible, interacción de energía renovables, cambio en el proceso constructivo, políticas de ecogestión y amortización de las instalaciones.
En su opinión, el problema es que todas estas claves que se aplican tienen sus contradicciones. Por ejemplo, "la situación y los accesos suelen ser factores más importantes que los bioclimáticos a la hora de elegir un solar". Y luego está lo que García Sanz ha denominado "construcción a la española" basada en "edificar mirando únicamente que no se sobrepase lo presupuestado. Eso lleva a que, en general, se construya bastante mal". Además los planteamientos muchas veces son erróneos: "Se hacen edificios planificados para uso intenso, cuando la mayor parte de un hospital funciona normalmente de 8 a 15" Por tanto es posible ahorrar en la construcción pero no racanear. "En un hospital de 200 camas una inversión inicial en servicios energéticos de seis millones de euros, supone un ahorro sobre los gastos en energía superior a 26 millones en 30 años" ha expuesto Constantino álvarez de la Cueva, director general de Dalkia Energía y Servicios.
Puede que no parezca mucho si tenemos en cuenta que el gasto energético de un hospital, supone sólo el 1% de su presupuesto total, pero "aun así resulta excesivo, normalmente por un mal diseño, por una mala ejecución de un buen diseño, por un aislamiento insuficiente, por un mantenimiento deficiente y por un consumo innecesario" afirma Nuria Mall, subdirectora de Infraestructuras y Servicios Técnicos del Instituto Catalán de la Salud. A su juicio existen muchos nichos donde es posible "aprovechar la energía sin descuidar el confort". Por ejemplo en la renovación de equipos: "El rendimiento energético de dispositivos, instalaciones y edificios, disminuye con el tiempo, por lo que apurar su uso más allá de su vida útil recomendada no supones ahorro, sino gasto", ha precisado García Sanz, que toca así un punto sensible: el de la durabilidad de los edificios: "Se construyen y reforman muchos hospitales, pero pocas veces se llega a demoler uno antiguo".
Algo se puede hacer, aunque en algunos casos la ineficiencia de las construcciones antiguas es insalvable, siempre queda algún resquicio sobre el que actuar: "Se pueden introducir energías renovables (solar térmica y solar fotovoltaica, fundamentalmente), centralizar la producción de energía, usar sistemas de multiproducción y actuar con buenas prácticas sobre la gestión de la demanda". Explica álvarez de la Cueva.
Y, como no, es posible reducir la factura. Según García Sanz, "las diferencias entre los precios de contratación de unas entidades y otras son grandes, lo que hace pensar que se puede optimizar el gasto pagando menos". Esto es precisamente una de las medidas que ha tomado el Servicio de Salud de Castilla-La Mancha (Sescam) en su Proyecto Ikaro, con el que pretende "gestionar la demanda energética de los hospitales del servicio con la eficiencia, el fomento de las renovables, la gestión y control de las instalaciones, reducción de la factura y la disminución de las emisiones" tal y como ha detallado Francisco Caballero, jefe del Servicio de Mantenimiento de Sescam.
Este ente público ha tomado las riendas del gasto energético en los hospitales y centros de salud de la región, centralizando los suministros con facturas únicas de gas y electricidad, "lo que nos permite conseguir precios inmejorables". Además, está extendiendo el uso de energías renovables en hospitales gracias a contratos externalizados con empresas de servicios energéticos que pueden rentabilizar la producción comercializando el excedente.
Dicha forma de retorno no es del grado de García Sanz, que opina que "puede llevarnos a ser ineficientes dentro y compensarlo vendiendo fuera. Lo que debemos hacer es buscar la manera de que esa energía sobrante revierta en nuestros edificios".
Por último, la eficiencia energética puede lograrse reforzando el que suele ser el eslabón más débil de la cadena: las personas. Y una forma es "contando con profesionales de la gestión de infraestructuras que conozcan el ciclo de la energía y que tengan tiempo para pensar", sostiene Rodríguez Villar. Por su parte, García Sanz apunta que "la contratación de un gestor energético se amortiza sólo con que apague luces y cierre ventanas.
Fuente: Diario Médico
Tel: 902 35 00 77
marketing@es.bureauveritasformacion.com
Baja del Boletín
Alta en el Boletín
Enviar a un amigo
Lea nuestra política de privacidad